–Está nervioso, lo sé. No atina a cerrar la taquilla y me está poniendo nervioso a mí también. Joder, con lo bueno que está, quién lo pillara. Bah, seguro que tiene novio y no soy su tipo, o los prefiere más como él…

No podía dejar de mirar al maromo que estaba a mi lado mientras me cambiaba de ropa en el vestuario. Estábamos solos y había llegado pocos minutos después que yo, pero su presencia se hacía notar con creces. Era viernes y ya estaba dejando ver su buena tranca con prepucio, colgante y venosa de 20 cm, además de su cuerpo moreno y trabajado de gimnasio. Miraba mucho el móvil y eso me estresaba bastante, porque en vez de estar disfrutando de Querell y de su morbo, como yo iba a hacer en breve, prefería estar perdiendo el tiempo WhatsAppeando con sus colegas.

–¡Me ha mirado y me ha sonreído! –dije para mis adentros, pero permanecí inmóvil sin saber lo que hacer.
–¿Eres nuevo por aquí? –dijo, sin separar la vista de su móvil.
–No –respondí, enseguida–. Llevo viniendo algunos días. ¿Y tú?
–Yo… –titubeó unos minutos–. Bueno, yo sí, soy nuevo aquí.

La acción se paró. No sabía qué decir ni hacer.

–¿Con quién hablas, que parece tan interesante? –le dije, en un alarde de valentía.
–Pues estoy hablando con mi… con mi novia. Ella no sabe que estoy aquí. Piensa que estoy tomándome unas cañas con los colegas… pero mis colegas son demasiado aburridos, como ella, y paso un poco de perder el tiempo. Así que me hablaron de este sitio y, bueno, voy a probar a ver qué tal. Al ser hetero no soy mucho de salir por estos sitios, como comprenderás…

Mientras lo miraba, al hablarme, noté que su gran rabo iba cambiando progresivamente de tamaño flácido a morcillón. Eso llamó mi atención bruscamente.

–Dios mío, tiene novia, me encanta. Tengo que hacer algo. Piensa, rápido –dije para mí–. Yo soy Jose –le comenté, extendiendo mi mano hacia la suya.
–Yo… Javier. Encantado –me dijo, un poco nervioso y tímido.

De nuevo, la acción se paró. Él, sin dejar de consultar su móvil, terminó de desnudarse y cerró la taquilla por fin. Estábamos en igualdad. Pero, antes de dejar su terminal en el cubículo y adentrarse en el local, recibió una llamada.

–Es mi novia… –dijo, nervioso, y descolgó–. Hola, cariño. Sí, dime. Perdona, no te escucho bien, ando en un bar y aquí la cobertura es bastante mala. Pues sí, aquí estoy con Pedro y los demás, claro.

Se sentó en la banqueta del vestuario. Era mi momento. O ahora o nunca. Me arrodillé y, ante su cara atónita, comencé a animarle rabo metiéndomelo en la boca mientras mi mirada de zorra se dirigía a sus ojos. Su cara era un auténtico poema, y su gran polla pronto se convirtió en un generoso falo venoso, fruto del morbo. Mi mamada endureció su miembro hasta tal punto que su habla se entrecortaba por momentos debido al placer. Mi boca no cesaba de trabajar. Desde la punta de su glande, despacio, lamiendo cada centímetro de esa deliciosa polla hasta llegar a los huevos, totalmente rasurados.

–Sí, yo también te quiero, ya lo… ya lo sabes, cariño. Llegaré tarde, que esta gente cuando se enreda no para.

Con su mano libre, temblorosa pero firme a la vez, acariciaba mi cabeza y marcaba el ritmo deseado por él, mientras toda mi garganta engullía su rabo hasta hacerlo desaparecer momentáneamente. Incluso jadeaba, pero tímidamente para que su chica no sospechara a través del teléfono.

Ni siquiera el silencioso corrillo de tíos que se había formado en los accesos al vestuario interfirieron en esta morbosa escena. Muchos aprovecharon para marcarse un buen pajote.

Finalmente, tras más de un cuarto de hora y una mamada de campeonato, recibí su preciado regalo: lefa calentita de macho auténtico recién ordeñada que me supo a gloria. Me relamí tras tragarla toda y le sonreí mientras incorporaba el cuerpo. Luego me acerqué a su boca y nos morreamos sonoramente los labios. Poco después, finalizó la llamada a duras penas despidiéndose de forma cariñosa de su novia y depositando su móvil en la taquilla. Pero antes de irse a la zona cruising de Querell, con una sonrisa en la cara, susurró a mi oído:

–Espero que nos volvamos a ver a lo largo de la noche, la comes de puta madre y lo haces mejor que mi novia y que todas las que me la han chupado.

Y dicho esto, se retiró, pero yo me quedé en el lugar en el que estaba, aprovechando la buena racha con la que había comenzado la noche de viernes y aliviando a los espectadores de aquella morbosa escena, como no podía ser de otra manera.

Jose (@JosePas24

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