[Basado en hechos reales]

22:31 horas. 2016. Septiembre. Viernes. Buscaba por allí y allá, de una sala a otra, sin éxito. Era pronto, lo sabía. Me senté en un asiento de la barra a esperar, nervioso, sin dejar de mirar el reloj digital que se ubica en la sala del bar. Y enseguida, casi sin darme cuenta, el timbre no cesó su soniquete y la estancia se llenó rápidamente de chulazos en bolas que -obviamente- comenzaron la ruta por las distintas zonas y recovecos de Querell. Y yo no iba a ser menos.

22:49 horas. Recorriendo el inconfundible pasillo ya se escuchaban, como de ultratumba y a ambos lados, numerosos gemidos y chocadas de huevos en ojetes en los distintos cuartos oscuros. Así, mi curiosidad hizo que me introdujese en uno de ellos, concretamente el primero de la derecha, al que yo llamo cariñosamente como “el de las rejas”. Enseguida noté los primeros roces con mi cuerpo, sutiles, que me llevaron hasta el fondo de la estancia, frente al baño. Allí me senté en la cama rectangular, totalmente receptivo. Fue entonces cuando unos diez tíos desconocidos, que se hallaban en la sala en esos momentos, se acercaron hasta donde yo me encontraba y, progresivamente, comenzaron a darme rabos. Yo empecé a chuparlos por turnos durante varios segundos cada uno, mientras ellos se organizaban y colocaban en fila para favorecer el trabajo. Éste, unido a mis reconocidas técnicas de felación, provocaron sonoros gemidos en estos chulazos, endureciendo sobremanera sus falos. Mi boca ya era un no parar. Los machos se iban juntando en orden, rotando y poniendo a prueba mi cavidad oral.

23:35 horas. Al finalizar las rondas bucales, uno de los maromos -que intuí sería el líder del grupo por su forma de hablar y actuar para con el resto- me empujó hacia atrás y, tras comerme el culo durante unos segundos, lo levantó hacia arriba con la firme intención de introducir su gran rabo por mi ojete, quedando las piernas totalmente verticales. Se colocó encima de mí, sobre la cama, y sentando precedente en los demás refirió en tono normal: “va al natural, ¿vale? no te preocupes por nada, confía en mí”. Ni siquiera había terminado de decir la frase cuando noté su trancazo dentro, acompañado por una fuerte embestida. Mis incesantes gemidos y gestos de placer, unidos a los morbosos insultos y vejaciones a viva voz por parte del grupo hacia mí, llamaron la atención de muchos curiosos provenientes de salas cercanas y el pasillo, acercándose hasta el grupo para observar, en la penumbra, el panorama sexual. Algunos, con prisa y quizá por despiste a causa del morbo, ni siquiera soltaron el cigarro que estaban consumiendo en la última sala y -con él en mano- se apresuraron en llegar al sitio donde se encontraba la orgía.

00:15 horas. La sala a tope, y yo -agarrado a los barrotes de la estancia como única forma de apoyo- era el centro de atención al recibir todos los rabos en mi ojal de forma progresiva, variando levemente en las posturas: cuando el anterior tío me comía el ojal, me empotraba y se corría, el siguiente tomaba posesión de mi cuerpo, tratándolo a su antojo con total libertad sobre esa morbosa cama de material. A mi lado derecho, a través de las rejas notaba -en el crepúsculo del cuarto-, cómo los chulos sobaban mi cuerpo, pajeándose a base de bien gracias a las vigorosas embestidas que recibí y que ellos observaban y animaban con atención. Todo un espectáculo rebosante de vicio y buen rollo que disfruté a tope.

00:58 horas. Por fin, la luz y la libertad. La sala se fue desalojando poco a poco. Los rabos -tras un gran “bukkake” final improvisado en el que fui protagonista- habían descargado e iban tomando formas flácidas o semifalicas, dependiendo del caso. Y mi lampiño y joven cuerpo, totalmente cubierto de lefa y sudor, se dirigía lentamente al baño ubicado junto a la barra del bar ante las atentas y cómplices miradas de los que se encontraban en el pasillo a la espera de cazar o ser cazados. Continuaban los gemidos y chocadas de huevos en el interior de los cuartos oscuros anexos… pero no me importaba. Solo quería estar limpio por fuera y por dentro para continuar zorreando. Todavía quedaba mucha noche de viernes por delante en Querell y había que aprovecharla. Y de la mejor manera, cómo no.

 Que morboso puedes seguir a Jose, el que recibió todo este placer por twitter (@JosePas24)

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