– no me gustan los besos – me dijo aquel macho, cuando intenté acercarme demasiado a su boca.

Empecé a chuparle aquellos pezones , y bajé con suavidad hacia su enorme y dura polla. En unos instantes ya había olvidado la frustración de no poder comer su lengua con lascivia.  Le giré de la cintura y le apoyé contra la puerta de la cabina. El tipo puso su cabeza contra la puerta dando cabezadas sonoras a cada envestida. Me ponía muy cachondo verle suplicarme más hasta quedar exhausto. De pronto profirió un fuerte gemido. Acerqué mi cara a la suya mientras sentía la presión de su culo en la base de mi polla y al mismo tiempo notaba como mi polla latía con fuerza soltando toda la leche con generosidad.

En ese momento giró su cabeza y saco la lengua prometida.

– ¿no decías que no te gustan los besos? – le susurré

– los tuyos sí.

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