Basado en hechos reales

Indeciso, pero con ganas: así entré a Querell por primera vez. El chaval -guapísimo, por cierto- encargado de abrir la puerta ya me llamó la atención. Hablaba con una sonrisa mientras yo inspeccionaba la recepción del local. Algo me daba morbo, pero era extraño. La redundante música retumbaba en mis oídos a la vez que me desnudaba lentamente en la zona de taquillas ante el ir y venir de tíos en pelota que deambulaban por la estancia. Era viernes y se notaban las ganas de fiesta y de pasarlo bien.

Atravesé la cortina de tela y accedí directamente a la zona “cruising”. En la barra del bar pedí un copazo bien frío, para ir entrando en calor. Allí, entre el denso humo de ambiente y miradas morbosas, me senté a observar en una de las banquetas disponibles. Al cabo de un par de minutos, frente por frente y junto al escenario, me llamó la atención un rabazo con buen prepucio en estado morcillón sentado en otra de las sillas. Tras un cruce tímido de miradas, el chulazo -dotado, de unos 30 años, buenorro, con cuerpazo, sin vello y casado machote, con alianza- se fue para uno de los baños, el que está situado en la sala del “sling”, sin dejar de mirarme y volviendo la vista para atrás. Unos pocos metros me separaban de la gloria.

Le seguí, cómo no. Cerró la puerta enérgicamente. Enseguida se apoderó de mi culazo y, sin mediar palabra, me dio la vuelta contra la propia puerta y me empaló con su gordo rabo, ya empalmado a tope. Mi ojete ya estaba dilatado. Parecía como si se hubiese adelantado a lo que le se avecinaba, por lo que el grueso pene de este tiazo se deslizó perfectamente por mi cavidad anal sin necesidad de saliva o lubricante. Yo, sin poder evitarlo, gemía como una auténtica zorra mientras el cabronazo me empotraba a pelo, sujetándome por la cadera y repitiendo una y otra vez lo puta que estaba siendo. Las excelentes embestidas y el jaleo general que emanaba de ese rinconcito llamaron la atención de otros tíos que se encontraban cercanos, los cuales se asomaron incluso por encima o abajo de la puerta para ver tal panorama.

Finalmente, tras varios gemidos fuertes por ambas partes, retiró su rabo -aún duro- de mi ojete y parte de la deliciosa lefa de ese macho caía al suelo directamente desde mi agujero, completamente abierto y palpitante. En ese momento, rápidamente y después de restregarme la leche sobrante por mi ojal, abrió la puerta y se pira ante la mirada atónita y morbosa de los espectadores.

Pero, segundos después y sin salir del semioscuros aseo, comprobé en mis propias carnes como todos todos esos «voyeurs» viciosos fueron entrando al lugar donde me encontraba -sin gomas guardadas en los calcetines-, abriendo y cerrando la puerta, uno por uno…

Morbazo máximo para comenzar la primera noche en Querell, ¿no crees?

José

Puedes seguir a José en su twitter @JosePas24

Recent Posts
Previous Next
Close
Test Caption
Test Description goes like this